miércoles, 11 de noviembre de 2015

Continuamos.



Me muevo por sentimientos. Es así. No puedo evitarlo.

Me enamoré. Lo dejé todo por ese amor. Cambié todas las ideas de futuro que tenía... Iba sin frenos en una pendiente porque estaba convencida de que no habría pared. La pared llegó a los 3 años. A los 4 años tuve el valor de destruirla para continuar malherida y recuperarme poco a poco.
Aprovechando mi instinto vengador y mi capacidad para autodestruirme, usé el choque de pared para hacer daño a quienes me lo hicieron, aunque nunca fue mi verdadera intención. Permití que la pendiente fuera tan inclinada, que cuando choqué y continué por un suelo firme, estuve desorientada durante 10 meses. Miedo a herir y ser herida, algo de rencor, desórdenes mentales y sentimentales, sumisión... A pesar de haber recuperado parte de mi antigua vida, seguía sin ser yo. Mi personalidad no volvía y eso era lo que más me preocupaba.
Sin embargo, algo en mí sabía que el tiempo era el único capaz de curarme y matarme a la vez. Lo dije. Intentaron convencerme de lo contrario, pero no hubo manera. Sabía que necesitaba mi tiempo para resurgir.

Y aquí estoy. Soy yo otra vez después de 4 años. En primer lugar, quiero poner punto y final a algunas cosas pendientes... Acudiendo a las personas que en su momento me ayudaron a dar el paso para romper el muro, a pesar de yo creer lo contrario.

Por otro lado, vuelvo a ser la misma chica alegre, loca, que baila en medio de la calle si se le apetece o muestra su afecto a quienes cree que lo merecen.

MAY-2015

___________________________________________________________________________________


Y pasó el tiempo... Y ahora estamos en noviembre de 2015. 

¡Menudo verano! Puedo asegurar que ha sido el más feliz de toda mi vida. Tengo esa libertad que hacía 4 años no tenía. Puedo moverme cómo y donde quiera sin dar explicaciones a nadie(relativamente, claro, jaja). 
Tengo mi autoestima en su lugar (bueno, más bien se mueve por altibajos según el día). Mis amigos. Mi familia. Todo en orden. Mi novio. Ese chico que, en un principio no me gustó su forma de ser, pero que luego fui conociendo... hasta llegar a ser más muuuy poco a poco (que es lo que a mí me gusta: "Sin prisas pero sin pausa"). Mi alma gemela, como se podría decir. Somos tan parecidos... pensamos lo mismo en cada momento... tenemos tanta conexión... Y, sin embargo, algunas preferencias son muy diferentes. ¿Sabéis? A eso es lo que llamo PERFECCIÓN. 
Jajaja, ¿os cuento otro secreto? Al tiempo de empezar a salir juntos supimos que somos primos terceros. ¡Su madre es prima hermana de mi madre! ¡Quién lo diría!
Pero ahí seguimos... ilusionados, con planes improvisados, con sorpresas inesperadas, viviendo cada día que podemos pasar juntos al máximo, intentando luchar contra el veloz paso del tiempo mientras permanecemos juntos y soportar el retargo de éste cuando no lo estamos.

Me he enamorado. Y ha sido en ese momento preciso en el que yo no buscaba absolutamente nada. Estaba "resurgiendo" y era feliz así. Me conformaba así. Me sentía agusto. Ahora estoy mucho mejor.

Pero no penséis que ahora me sucederá lo mismo de la otra vez. Qué va. Aprendí la lección de que cada uno debe tener su espacio y no todo debe moverse entre ambos. Cada uno su vida, su independencia, sus amigos, quizá también nuestros amigos en común, pero atendiéndolos a ellos y estando en grupo (ya tendremos nuestros momentos a solas). Cada uno seguirá sus objetivos e intentará cumplir sus metas y sueños. El otro lo apoyará, pero no se involucrará a menos que lo necesite. Es mucho más satisfactorio conseguir un logro por ti mismo y tus esfuerzos, que con la ayuda de otra persona. 

Felicidad. Claro que sí. Ahora mismo la tengo. 

También considero la felicidad como ese tramo en el que sabes que vas a obtener un logro pero que aún no has llegado a él. Me encuentro precisamente en ese tramo. Sé que mis objetivos los conseguiré si sigo con mi esfuerzo y constancia... Y si acaso no sucediera, bueno, pues se levanta uno y sigue a por sus otros objetivos. Una persona sin objetivos es como un ente vacío y sin vida. ¿Qué esperanzas tiene? ¿A dónde quiere ir? ¿Sólo vive porque debe vivir? No, ese no es mi lema para nada. 

Exprimir la vida. Eso es lo que quiero. 





miércoles, 6 de mayo de 2015

Desvirtudes.


No puedo esperar más para que todas las ideas que tengo en la cabeza se ordenen y comience a escribir esta entrada. La impaciencia no es, ni por asomo, una virtud, pero comenzaré a escribir... Lo que sea...
 
Ya que estamos, continuemos con la impaciencia. ¿Acaso alguien impaciente ha acabado alguna vez satisfecho? Llegar a la meta que tanto ansiaba a lo largo de los días, sin haber disfrutado de ese largo período entre el comienzo y el final. Sentir ese malestar interior que ella misma te provoca. Intentar hacer todo lo posible por acelerar un proceso que, al fin y al cabo, acabará igual o peor. ¿Qué hay de todo lo que se debería vivir en ese intervalo de tiempo? Vivirlos, sí, pero sobre todo, experimentarlos y aprender de ello.
 
 
Si lo pensamos bien, hay quienes sienten esa impaciencia y necesidad de conseguir sus metas lo más rápido posible para seguir viviendo otras experiencias. Ahí llega la cuestión que cada uno debería hacerse a sí mismo: ¿Cantidad o calidad? Preferís tener muchas experiencias, sin haberlas disfrutado a lo largo del transcurso en que las obteníais (y las cuales, en su mayoría, acabaseis descontentos con los resultados) o, por el contrario, optáis por una vida en la que cada momento os llene por dentro, os dé vitalidad, energía y motivación por disfrutar de tan sólo (y si acaso) un siglo de lo que nos ofrece la Vida.
 
Nada es igual una vez se llega a una meta propuesta, ni podrás volver atrás para hacerlo de mejor manera. ¿Cuántas veces os habéis arrepentido por haber ido tan rápido en algo y no os dio ni tiempo a pensar en otras alternativas mejores?
 
A todos los que leáis esta entrada, os pido que meditéis. Sed congruentes con vosotros mismos y probad a resistiros un poco a la impaciencia. No suele traer nada bueno consigo misma...
 
Con esto, termino esta entrada. Para nada tenía en mente sacar este tema, al contrario, tenía otros muchos y mejores... Sólo necesitaba un poco de paciencia para ordenarlos.
 
¿Cómo acabo? Descontenta por una entrada que podría haber sido mucho mejor.
 
Espero que sirva de ejemplo.


 

miércoles, 15 de abril de 2015

Utopía


Una mañana soleada de invierno.

Los rayos del Sol atraviesan los agujeros de la persiana y chocan directamente contra mi cara. Maldita sea, anoche no cerré bien la persiana...

Me incorporo un poco con la intención de cerrarla por completo, pero en ese momento, cambio radicalmente de opinión y decido aprovechar el día. Venga, vamos...

Abro la persiana por completo y me arrepiento de haber querido cerrarla segundos antes. Me encuentro con un bosque frondoso y blanquecino que pareciera haber sido llenado de espuma por niños atrevidos, inconformistas y juguetones. Las montañas, a lo lejos, jactándose de ser la única y mayor pureza que pueda existir. Los pájaros, volando hacia la deriva, simplemente disfrutando del paisaje y de su habilidad innata para vencer la gravedad. Las lágrimas de zafiro, fruto de la espuma de los niños juguetones y el calor maternal de los rayos del Sol, que se deslizan por el cristal de la ventana creando caminos tan irregulares como perfectos...

Sin duda alguna, la Naturaleza influyó en mi cambio de opinión para permitirme disfrutar de esas maravillas de la vida. Se lo agradezco.

Tomé mi ropa de abrigo y preparé una maleta para pasar el día fuera. No fue necesario explicarle a mi pareja por qué hacía eso, sólo bastó con mirarme a los ojos y ver el brillo que resplandecía como a los de una niña ilusionada que acaba de descubrir lo que esconde una simple portada del cuento "Caperucita Roja" tras ser contado e interpretado por su madre.

Mi pareja... Más que eso, es mi alma gemela. Tan parecido a mí por dentro, a la vez que tan diferente por fuera. Se asomó a la ventana y terminó de comprender lo que el día nos ofrecía.

Fuimos a la playa.

Caminamos por la orilla de la arena blanca y nevada en silencio, mientras sentíamos el calor helado en nuestros rostros y la melodía de las olas acompañada por el canto de las gaviotas.

Todo brillaba. Parecía un concurso de resplandor en el que participaban la nieve y el mar. Sin embargo, más allá de lo que a primera vista parece una competición, se observa cómo la nieve se enamora del mar y decide huir con él. Éste, tan caballeroso, acude a recogerla y la ayuda a fundirse en el mismo océano.

Ese día se hizo perfecto cuando mi pareja y yo comenzamos una batalla de bolas de nieve. Parecieran fuegos artificiales explotando cuando la bola chocaba contra su cuerpo.
Un juego para críos, sí, pero precisamente éramos eso en ese momento.

Me ganó. Y yo, en lugar de pedir una revancha, me abalancé sobre él y acabamos tirados en el agua helada. Lo lógico sería levantarse rápidamente para evitar cualquier constipado.

Nosotros seguimos tumbados, besándonos...